|

|
|
|
|
|
|
Casadielles
|
Fabada
|
Pote
|
Arbeyos
con jamón
|
Besugo
a la espalda
|
|
|
|
|
|
|
|
Arroz
con leche
|
Bonito
a la sidra
|
Tortilla
de patata
|
Patatas
con Langostinos
|
Buñuelos
de manzana reineta
|
 |
Introducción:
Este
paraíso natural que es el Principado de Asturias también
constituye un territorio geográfico en el Norte de
España, donde se encuentra una rica oferta gastronómica
inigualable en todo el mundo, en el que se pueden satisfacer
todas las apentencias de los paladares más exigentes.
La
impresionante barrera de los Picos de Europa ha protegido
a esta hermosa tierra durante la mayor parte de su historia
y ese aislamiento físico, que tanto ha marcado el carácter
abierto y alegre de los asturianos, le ha permitido conservar
sus orígenes, sus ritos y los placeres de la buena
mesa tradicional, a pesar de las invasiones y de las modas
perecederas.
A
finales del siglo XX, con unas magníficas comunicaciones
que la han puesto a cuatro horas por carretera de la capital
de España, al Principado de Asturias le llega ahora
el momento de mostrar al mundo todo lo bueno que hay en esta
comunidad autónoma, con maravillosos parajes por los
que uno puede perderse a la búsqueda de nuevas sensaciones
y en los que, hasta en la más humilde casa de comidas
de cualquiera de esos preciosos pueblos en los que el tiempo
da la impresión de haber dado la orden de detener las
manecillas de los relojes para disfrutar de la vida, se puede
hacer un alto en el camino no sólo para reposar y olvidar
el hambre, sino para redescubrir una forma honesta y natural
de alimentarse sin artificios.
Cuando
se vuelve la mirada hacia esa cocina tradicional, mantenida
contra vientos y mareas por las mujeres que han sido durante
siglos y siglos las reinas de los fogones asturianos, en este
pais uno puede volver a deslumbrarse con una cocina hecha
a fuego lento, sin prisas, sin trucos y sin apenas especias,
basada fundamentalmente en los exquisitos manjares de su fría
mar y de sus fértiles huertas, lo que es toda una innegable
demostración de que, también en gastronomía,
el Principado de Asturias es todo un paraíso natural.
Entradas
Qué hambre tenia que estar pasando aquel atrevido astur
que hace más de diez mil años probó un
oriciu -erizo de mar- pero que gran descubrimiento hizo para
la gastronomía autóctona. En los meses del frío
invierno -en Gijón, fundamentalmente-, no hay nada
más típico y mejor que unos buenos oricios,
bien sean crudos o cocidos, en paté o en pastel, en
revueltos o en tortillas, para paladear el genuino sabor del
mar Cantábrico y, de paso, fortalecerse con su yodo
contra las afecciones gripales. Otro de los aperitivos típicos
de las zonas costeras asturianas son les llámpares
- lapas- que pueden ser comidas asimismo de muy diferentes
formas. Sin olvidarnos, claro, a la hora de poner los estómagos
a punto, de las cebollas rellenas, -típicas de El Entrego-
y los pimientos -muy valorados los del concejo de San Martín
del Rey Aurelio. También en invierno hay que rendir
pleitesía al lujo de, al menos, cien gramos de angulas
-si son de San Juan de la Arena, mucho mejor- que además
de la tradicional receta a la cazuela, se pueden paladear
en exquisitos revueltos.
En
los verdes prados del Principado de Asturias hay todo un coto
micológico de primera categoría que permite
paladear más de una veintena de tipos de setas que
tratadas de delicadas maneras en los fogones satisfacen a
los paladares más expertos en tan sabrosos hongos cuyo
consumo, afortunadamente va a más.
Pero
para calentar el cuerpo no hay nada más recomendable
que las tradicionales sopas -de menudos de gallina, de boroña,
de adobu, de picadillo, de hígado o de pescados y mariscos-
y los potes de la cocina rural -a base de verduras, legumbres
y patatas, debidamente acompañadas por los contundentes
embutidos y carnes-, para cuya composición resultan
los embutidos como la morcilla, los emberzaos -morcilla fresca
típica de Llanes-, el chosco -relleno de solomillo
y lengua de cerdo adobado con pimentón que se hace
en la zona de Tineo-, la fariñona -picadillo de chorizo,
tocino, grasa de cerdo, harina, huevo batido, laurel, sangre,
cebolla, orégano y pimentón envuelto en la tripa
del cerdo, que se hace en Candás y Luanco-, los chorizos
-con más carne de cerdo que de vaca, ajo, orégano,
sal y pimentón- y los jamones de la zona suroccidental-
Allande, Cangas del Narcea y Tineo- son productos autóctonos
que se encuentran en los mejores platos.
Con
embutidos así se hace un compangu extraordinario y
con espléndidas fabes se logra ese gran invento que
se pierde en la noche de los siglos y que es la fabada, autentica
reina de la gastronomía asturiana.
Pescados y Mariscos
Pero decir Asturias es también decir ricos mariscos.
Desde el rey de los mariscos: el percebe, pasando por les
andariques -nécoras-, les quisquilles -camarones-,
los santiaguinos, las cigalas, la ñocla -buey de mar-,
hasta llegar al centollo del Cantábrico -cuyo carro
no es preciso arreglar con queso de Cabrales y sidra, como
es el caso del francés, para darle algo de sabor- .
Y sin olvidarnos, claro, de las almejas a la marinera, el
bugre -bogavante- a la plancha o la espléndida langosta
con verdura -típica de la zona de Luanco-, con los
que se pueden poner a prueba los buenos estómagos.
En
la fría y brava mar del Cantábrico se pescan
delicias para hacer una carta espectacular a base de chopa
-sargo- a la sidra, pixín -rape- alangostado o en fritos,
la merluza a la cazuela o rellena, el tiñosu -muy de
moda desde que se utiliza para el llamado pastel de cabracho-
con patatas, el bonito a la plancha o en rollo, el besugo
a la espalda o con fideos, el rodaballo, el mero, los lenguados
y los salmonetes.
Pero
tampoco se pueden despreciar los chicharros - jureles-, los
bocartes -anchoas- y las sabrosas sardinas que, a la plancha,
en villas marineras como Candás son un lujo al alcance
de todos.
Y
en la mar desembocan ríos como el Sella, el Cares,
el Eo, el Narcea, el Nalón y el Navia en donde se pescan,
desde marzo hasta julio, los exquisitos salmones y las truchas.
Carnes y Caza
La ganadería asturiana, basada en gran parte en explotaciones
familiares, es de óptima calidad. Vacas, (dos razas
bien diferenciadas: Asturiana de los valles y Casina), cerdos,
ovejas, corderos, cabritos y gallinas no faltan por aquí
para satisfacer la demanda de sus carnes a quien, de verdad,
quiere dar cuenta de un buen chuletón de carne roxa
a la brasa, un solomillo al Cabrales, asados de lechazo, cordero
a la estaca o un apreciadísimo pitu'caleya -pollo de
aldea que ha crecido en libertad comiendo de todo, de ahí
que tenga su carne un color rojizo- que nada tiene que ver
con los que son fabricados actualmente. Una carne que también
está presente en platos caseros como el suculento guiso
de carne gobernada con guisantes, pimientos y patatas.
Los
callos a la asturiana -cuyo epicentro gastronómico
está en Noreña- son, una vez más, la
demostración de cómo los asturianos sacan el
máximo partido a su cocina rural aprovechando hasta
las patas de la vaca, la manos y los morros del cerdo.
Les
fabes se cocinan con casi todo y siempre saben a más,
como es el caso de su unión en platos como fabes con
gallina, fabes con perdiz, fabes con arcea -becada-, fabes
con conejo o fabes con liebre.
Y
de la caza menor pasamos a la caza mayor, ya que en el Principado
de Asturias existen reservas nacionales como las del Sueve,
Degaña y Somiedo, así como el coto de Muniellos
-una de las mayores manchas verdes de Europa- con una concentración
de variedades de corzos, gamos, rebecos, venados y jabalíes
que es una de las más ricas de toda España.
Los
Postres y Quesos
Y así llegamos a los postres caseros asturianos, a
base de los productos típicos de la tierra: leche,
mantequilla, huevos, manzanas, castañas, avellanas
y nueces, que demuestran lo llambiones -amantes de lo dulce-
que son, en general, los asturianos.
Porque
no solamente es el arroz con leche -que ayuda a digerir el
pote o la fabada- sino también les casadielles -empanadillas
rellenas de nuez molida, azucar y anís, los frixuelos
-tortas mu y delgadas a base de leche, harina, huevos y canela-,
el tocinillo de Grado, las marañuelas de Candás
y Luanco -galleta dura con yema de huevo en forma de hoja,
de rosa o de corona-, la venera de Navia -con almendra molida,
huevos y azucar-, los suspiros de Pajares -se hacen batiendo
la mantequilla de vaca y azúcar, mezclandolos con huevos
y harina y dejando cocer la pasta a fuego lento-, los bartolos
de Laviana -hojaldre relleno de almendra-, los carajitos del
profesor de Salas -galleta oscura a base de nuez o avellana
molida, azúcar y huevo-, las bollinas de Oviñana
-muy parecidas a les casadielles que van rellenas de crema-,
los picatostes -torrijas típicas de las fiestas de
carnaval-, las fresas con nata de Candamo, las manzanas al
horno de Nava, las mermeladas de manzana de Villaviciosa,
la enfilada de Cadavedo -bollo pascual en forma de coleta
trenzada-, los carbayones -rellenos de almendra molida y yema
de huevo- de Oviedo o la charlota - tarta rellena de nata
montada, leche, huevos, azúcar y gelatina, recubierta
con un poco de azúcar y adornada con chantilly- de
Gijón.
Más
de una veintena de quesos artesanales se pueden encontrar
todavía en el Principado de Asturias- lo que ha convertido
a esta comunidad autónoma en la región europea
con mayor variedad de quesos por metro cuadrado- siendo el
principio del otoño la mejor temporada para degustar
los quesos azules maduros como el Cabrales, Gamonéu,
Cuera, Caldueño, Arangas o Rozagás; o quesos
elaborados con leche de vaca, oveja o cabra son producidos
durante todo el año: En la zona occidental los de Taramundi,
Oscos, Valdesano, Xenestesu o Afuega'l pitu; en la zona central:
los de los Beyos, Vidiago, Peñamellera, Los Carriles,
Porrúa, Piedra o El Mazucu, todos ellos de una calidad
por encima de cualquier duda.
|