
| El salmón (Salmo salar)
es un pez de la familia de los salmónidos, es sin duda el pez
de mayor tamaño que puede encontrarse en los ríos asturianos
y la pieza más codiciada por el pescador deportivo. A lo largo
de su complejo ciclo vital el salmón pasa por diferentes fases
en los que sufre notables cambios morfológicos. El adulto que
remonta los ríos asturianos es un pez de gran tamaño,
hasta 1 m de longitud y algo más de 15 kg de peso. El cuerpo
es esbelto y comprimido lateralmente, con un acusado estrechamiento
en el pedúnculo caudal que se denomina muñeca. Entre
la aleta dorsal y caudal dispone de una pequeña aleta adiposa
común también a la trucha. Los flancos son plateados
y el dorso de color azul metalizado, cubierto de manchas oscuras en
forma de aspa que se hacen más escasas en torno a la cabeza
o bajo la línea lateral, en la mitad inferior del animal. |
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Llegado el momento de la reproducción el color
plateado de los flancos se torna cobrizo y la mandíbula inferior
se desarrolla notablemente, curvándose hacia arriba para formar
una especie de gancho.
Los individuos jóvenes son muy parecidos a las truchas, luciendo
frecuentes manchas circulares de colores negro a rojizo que han dado
lugar a su denominación de pintos. Las diferencias más
evidentes con respecto a la trucha son: el cuerpo más esbelto,
la muñeca más estrecha y la escotadura más pronunciada
de la aleta caudal. Además, la boca es más corta que
la de la trucha, sin llegar a rebasar la vertical del ojo como ocurre
en ésta
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Como la lamprea (Petromyzon marinus), el salmón
es una especie anádroma, es decir, desarrolla la mayor parte
de su ciclo vital en el mar y regresa a las aguas continentales llegado
el momento de la reproducción.
Su ciclo vital es de una extraordinaria complejidad y actualmente
bastante conocido. La eclosión de los huevos se produce durante
los meses de febrero a marzo, en función de la temperatura
de las aguas y de la fecha de la fecundación. Para la eclosión
es necesario acumular una temperatura de entre 400 y 450 grados-día,
es decir, si la temperatura se mantiene constante en 5°C, se requieren
para la eclosión 80 días y si la temperatura es en cambio
de 8°C, el periodo se reduce a sólo 50 días.
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Tras la eclosión, las larvas permanecen
ocultas en la gravera e inmóviles, alimentándose del
saco vitelino al que continúan adheridas. Se denominan entonces
alevines vesiculados. Sin embargo, pasadas del orden de cuatro semanas,
se han desecho de los restos del saco vitelino y se dispersan por
el río, ocupando áreas de profundidad somera y corriente
rápida donde se alimentan principalmente de larvas de insectos.
Los alevines tienen un comportamiento muy territorial, defendiendo
respecto a sus congéneres los lugares de alimentación
y las oquedades del lecho en que se ocultan. Las altas temperaturas
de los ríos asturianos permiten un rápido desarrollo
de los alevines, que para el final de su primer verano de vida puede
alcanzar ya de 8 a 10 cm de longitud y tener las características
morfológicas propias de los pintos, muy similares a la trucha
común.
Los jóvenes pintos permanecen en los ríos asturianos
durante uno o dos años, sufriendo una predación por
parte de nutrias, aves pescadoras, grandes truchas e incluso sus propios
congéneres que reduce de forma importante los efectivos. Llegada
su primera o segunda primavera, cuando alcanzan una longitud furcal
de entre 12 y 13 cm se producen profundos cambios morfológicos
y fisiológicos que tienen por objeto adecuar el metabolismo
del pez a las condiciones de vida en las aguas marinas. Dicho proceso
metamórfico, que se denomina esguinado, se manifiesta en una
coloración llamativamente plateada que es el resultado de la
adaptación de la piel a la salinidad marina. Cada primavera
esguina una parte de los salmones nacidos la primavera anterior y
todos los que ya tienen dos primaveras, pero la proporción
varía de acuerdo a las características de cada río
y las condiciones climáticas. |
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| Los esguines vuelven a manifestar comportamientos gregarios
y se reúnen para formar grupos que se dirigen al mar aprovechando
las crecidas primaverales. Antes de adentrarse definitivamente en
el océano, suelen pasar un breve periodo de adaptación
a la salinidad marina en las áreas de desembocadura, horas
o algunos días, sufriendo la predación de lubinas
o aves marinas.
El periodo de vida marina transcurre en zonas alejadas de los ríos
de origen, en aguas frías y ricas en nutrientes. Los salmones
procedentes de los ríos del litoral atlántico se concentran
al sur de Groenlandia, donde se mueven en pequeños bancos
por aguas superficiales, a la caza de peces y crustáceos
de escasa talla.
El periodo de vida marina es muy variable, uno, dos o tres años.
Transcurrido éste los salmones regresan para la reproducción
a su río de origen. Los mecanismos de guía y reconocimiento
de la cuenca fluvial son aún desconocidos, especulándose
con la influencia de corrientes marinas, variaciones de salinidad,
reconocimiento de las características químicas de
las aguas e incluso detección de hormonas secretadas por
los juveniles que aún permanecen en el río. Generalmente,
permanecen en las proximidades de la desembocadura esperando a una
crecida que facilite el remonte de los ríos.
Las primeras entradas se detectan a finales del invierno, de febrero
a marzo, y suele tratarse de ejemplares de gran tamaño, más
de 10 kg, que han pasado hasta tres años en el mar y se denominan
salmones vernales. Posteriormente las tallas y edad se reducen progresivamente.
En torno a los meses de abril y mayo entran los salmones mayucos,
de entre 4 y 8 kg de peso y con sólo dos inviernos de vida
marina. A lo largo del verano entran los salmones añales,
de apenas 2 kg de peso y esguinados en la primavera anterior, por
lo que han pasado un solo invierno en las aguas oceánicas.
Por último, con las primeras crecidas otoñales, finalizado
ya el periodo de pesca, suele detectarse la entrada de ejemplares
de gran tamaño y al menos dos inviernos de vida marina, que
se dirigen directamente a las áreas de freza.
En su remontada a las cabeceras de los ríos los salmones
no se alimentan, pues su metabolismo se ha adaptado a la dieta marina.
Por ello, deben sobrevivir a expensas de las reservas acumuladas
durante su ciclo marino. Si se considera que el celo acontece en
los meses de octubre a enero, se explica fácilmente la diferente
distribución de talla de los salmones que entran en cada
época del año. Los vernales que remontan los ríos
en los últimos meses del invierno deben ser capaces de aguantar
casi un año de vida fluvial sin apenas alimento, por lo que
son ejemplares de mayor talla. Los añales, sin embargo, deben
sobrevivir sólo algunos meses y pueden por ello ser de menor
talla.
Durante el celo, las machos sufren una transformación que
se manifiesta en el tono cobrizo de su piel, las grandes manchas
amarillentas del dorso y el gancho de la mandíbula. Las hembras,
sin embargo, se limitan a oscurecer su piel.
Para la reproducción, la hembra excava, a golpes de aleta
caudal, una cama en las gravas del lecho fluvial. Posteriormente,
deposita en dicha cama los huevos, que son fecundados casi de inmediato
por el macho colocado para ello inmediatamente detrás de
la hembra. Tras la fecundación la hembra procede a enterrar
de nuevo la puesta. En ocasiones, se ha detectado la participación
en el celo de juveniles precoces que aún no han esguinado.
El proceso de remonte del río y de reproducción resulta
agotador para unos animales incapaces de alimentarse. Por ello,
los salmones ya frezados, zancados, quedan apenas sin reservas energéticas
y cubiertos de heridas, muy propensos a enfermedades fúngicas,
limitándose a esperar que las riadas primaverales los arrastren
al mar. En la práctica la supervivencia de los zancados es
muy escasa, siendo escasa su vuelta al mar y más aún
su regreso para un segundo periodo reproductor.
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