
| Divisoria con la provincia de Lugo, la mayor de las
rías asturianas, con una longitud próxima a los 10 km
y una amplitud máxima de 800 metros, constituye una reserva
ornitológica de primer orden en virtud a su variedad de medios
y de la gran abundancia de invertebrados que éstos albergan.
La cabecera de la ría se localiza en el puente del Porto, en
Vegadeo, . . . . |
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. . . . por debajo de las marismas del Miou y Lounteiro,
también de gran interés. La parte superior del cauce,
de sustrato fangoso, se halla cubierta en las riberas por espesos
juncales, en especial en la zona de la orilla lucense conocida como
Muro das Lamas, entre Porto y Reme. Las principales llanuras de fango
se encuentran en la ribera asturiana, en las ensenadas de Vilavedelle,
próxima a Vegadeo, y Linera, entre Castropol y Figueras. |
La desembocadura que alcanza su punto más adelantado
en el mar, en la playa de Arnao, es de suelo arenoso.
El relieve de este espacio natural viene dado por la concentración
en sus aguas del 80 por ciento de la población de anátidas
invernantes en Asturias, incluyendo la práctica totalidad de
los efectivos de ánade silbón y ánade rabudo,
el 71,4 por ciento de los ánades reales y más de la
mitad de las cercetas y los cucharas. |
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También recala aquí el 61
por ciento de las fochas y una cuarta parte de los cormoranes grandes
invernantes, registrándose, asimismo, importantes concentraciones
de colimbo grande, garza, garceta, zampullín cuellínegro,
zarapito real y gavión.
Cada grupo tiene sus zonas de preferencia: los cormoranes frecuentan
los bancos de arena que descubre la bajamar; gaviotas y charranes
se recogen en los puerto de Ribadeo, Castropol y Figueras; y patos
y fochas se reúnen frente a Castropol, retrasándose
hacia la cabecera (y algunos de ellos, como el silbón, saliendo
al mar) conforme baja la marea. |
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Los juncales albergan otra rica comunidad, integrada por polluelas,
rascones, gallinetas y carriceros. Otro rasgo destacado de la ría
es su atractivo para rarezas como el cisne vulgar, la barnacla cariblanca,
el porrón parto o la gaviota polar.
Atardecer en el Eo. La puesta de sol que reverbera en las aguas
del Eo se acompaña, sobre manera en invierno, del rumor de
las aves que pueblan su cauce y sus riberas mientras van recogiéndose
a los lugares en los que pasarán la noche. La ría
adquiere, en esos fugaces instantes, un aspecto casi irreal, producto
del contraste entre las luces que se pagan y las sombras que avanzan.
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